Mientras el alcalde de Huaraz, David Rosales Tinoco, junto a sus funcionarios de confianza, bailaba por las calles de la avenida Luzuriaga durante el anuncio de su inauguración, la sorpresa y el malestar no tardaron en manifestarse.
Tanto regidores como vecinos expresaron su indignación, calificando el acto como una “burla” y una “payasada” frente a una obra que —según señalaron— se ejecutó en medio del caos vehicular, pérdidas económicas y desorganización total.
Los cuestionamientos no solo apuntan a la falta de protocolo institucional, sino también a la insensibilidad política del alcalde, quien celebró una obra aún bajo observación de la Contraloría y con reclamos pendientes de los comerciantes afectados.
“La incapacidad ha terminado por superar la confianza de los huaracinos; este alcalde demuestra con su actitud el poco respeto que le tiene a la ciudad de Huaraz”, expresó un vecino indignado.
El episodio reaviva el debate sobre la transparencia, el respeto a la ciudadanía y la ética en la gestión pública, en momentos en que la población exige obras bien ejecutadas y autoridades más responsables.