El misterio e incertidumbre sobre la desaparición de la suboficial Marleni Marta Rucana Silvestre se ha roto de la manera más desgarradora. Acorralado por el peso de las pruebas fiscales y tras allanarse a un pedido de prueba anticipada ante el juzgado, el brigadier y abogado de la Policía, José Enrique Villafán Arteaga, confesó este último sábado ser el autor del crimen. Sus indicaciones llevaron a las autoridades hasta un profundo barranco cercano al sector de Paltay, donde yacía el cuerpo de la joven con un letal impacto de bala en la cabeza.
Sin embargo, más allá del macabro hallazgo, el expediente forense ya advertía un detalle estremecedor y heroico hecho pues Marleni no fue una víctima pasiva. La joven policía intuyó el peligro y luchó desesperadamente por su vida dentro de la camioneta Ford.
El Certificado Médico Legal N° 001819-L, practicado a Villafán Arteaga la mañana del 24 de febrero (tres días después de la desaparición), se ha convertido en el testigo silencioso de la tenaz defensa de la agraviada. El examen físico detalló que el experimentado policía presentaba múltiples lesiones corporales traumáticas de data reciente.
Los peritos documentaron «escoriaciones epidérmicas lineales» y lesiones «por fricción tangencial» (profundos arañazos) concentradas en el tórax y las extremidades de Villafán. Para el juez de investigación preparatoria, estas heridas producidas por un «agente contuso de superficie áspera» poseen una relevancia criminalística excepcional, ya que son biológicamente incompatibles con una acción pacífica y evidencian signos claros de un violento forcejeo. En el reducido espacio del asiento del copiloto, Marleni se enfrentó a su atacante arañándolo y resistiéndose antes de que el arma de fuego silenciara su vida.
La crudeza de esta batalla por la supervivencia obligó al victimario a tomar medidas extremas. Según consta en la carpeta fiscal, Villafán intentó borrar toda huella de la masacre utilizando una mezcla de químicos industriales como Pinesol, Poett y vinagre. Su desesperación fue tal que mandó la camioneta a Lima y ordenó a su hermano que cambiara por completo el asiento delantero original.
A pesar de los exhaustivos intentos de limpieza, la sangre derramada en medio de la resistencia de Marleni delató al asesino. Los agentes de biología forense descubrieron salpicaduras de sangre humana escondidas en la parte interna del posavasos de la consola central, exactamente entre el asiento del piloto y el copiloto.
Hoy, el hallazgo de sus restos en el barranco de Paltay no solo sella el destino judicial de Villafán, sino que ratifica la teoría fiscal de un evento extremadamente violento. Marleni Rucana Silvestre se enfrentó a su victimario con todas sus fuerzas hasta su último aliento, dejando literalmente marcadas en la piel de su asesino las pruebas irrefutables de su lucha.
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