Como cada jueves, cientos de huaracinos y ancashinos de todas las condiciones sociales se dirigen desde muy temprano hacia la parte alta del barrio Pedregal, donde se ubica la conocida “cachinita”, un centro comercial informal que se ha convertido en un punto clave del movimiento económico de la ciudad.
Allí, vendedores provenientes de diversas regiones del país —especialmente de Lima— ofrecen todo tipo de productos, principalmente prendas de vestir de alta y mediana calidad, a precios accesibles para la mayoría de los bolsillos. La gran afluencia de compradores y el constante crecimiento del espacio comercial han hecho que la cachinita se extienda por varias calles del Pedregal, ocupando cada vez más terreno urbano.
Según economistas locales, el dinamismo comercial que genera este mercado informal mueve importantes sumas de dinero cada semana, convirtiéndose en un termómetro del consumo popular en Huaraz. “La demanda de ropa es alta, y eso refleja la vitalidad del comercio minorista, pese a la informalidad que lo rodea”, señalaron.
La cachinita, más allá de su carácter improvisado, se ha consolidado como un espacio de encuentro económico y social, donde convergen la necesidad de ingresos, el ingenio comercial y el espíritu trabajador de cientos de familias que cada jueves encuentran allí una oportunidad para subsistir y dinamizar la economía local.