Hijos, hermanos, ñeto bailaron desde la parroquia Belén, donde fue la misa de la abuelita querida hasta el cementerio, donde le dieron el último adiós al ser más querido de la familia.
Cuando alguien parte de este mundo, la comunidad se une en un abrazo colectivo de despedida, celebrando la vida que una vez compartieron. Los familiares y amigos no solo lloran la pérdida, sino que también celebran la continuidad de la vida en el más allá.
La parroquia Belén se convirtió en el punto de encuentro para toda la familia, donde se llevó a cabo una misa llena de devoción y respeto, para la abuelita de todos. Después de este acto religioso, el cortejo fúnebre emprende su camino hacia el cementerio, pero en lugar de ser un momento de tristeza silenciosa, se transforma en una procesión llena de vida, música y movimiento.
Los hijos y nietos se unieron para despedir a la abuelita en medio de las danzas que tanto gustaba a la fallecida. Este baile alegre, acompañado a veces por lágrimas de emoción, se convierte en un tributo de amor y respeto al ser querido que ya no están físicamente presentes.