En un fallo judicial que resalta la gravedad de la violencia intrafamiliar, el Juzgado Penal Unipersonal de la Provincia de Yungay emitió una Sentencia Condenatoria contra Juan Cuellar Broncano, un ciudadano que ostenta las profesiones de Profesor y Abogado , por el delito de Agresiones en contra de los Integrantes del Grupo Familiar, en la modalidad de Agresión Psicológica.
El proceso, bajo el Expediente N° 00323-2022-98-0213-JR-PE-01 , concluyó que el acusado causó un grave daño a la salud mental de su propio hijo, el menor de iniciales M.F.C.E., de tan solo 9 años.
Los incidentes que llevaron a la condena se centran en un evento crucial ocurrido el 18 de junio de 2022, donde el agresor llegó a su domicilio en estado de ebriedad. Ante la demora de sus hijos en obedecerle, el acusado se enfureció, insultó a los menores con palabras como «carajo no me escuchan» y procedió a golpear a la madre y a sus hermanos del agraviado con la hebilla de la correa.
El pequeño M.F.C.E. logró escapar de la agresión física, pero no sin antes recibir palabras lacerantes de su padre, quien le gritó que «no es su hijo». El menor, aterrorizado, se quedó dormido en la calle y al despertar acudió a su tía para denunciar los hechos. Su tía testificó que el padre le siguió insultándole y amenazándole de muerte. Además, se confirmó que el acusado, en estado de ebriedad, solía ser violento, pateaba y agarraba del cabello a sus hijos, y le decía al menor que no era su hijo en varias ocasiones.
Daño Psicológico Acreditado
La condena por agresión psicológica no fue producto de la simple palabra, sino de una destrucción emocional científicamente probada. La pericia psicológica forense (Protocolo N° 000870-2022-PSC) fue la pieza clave que reveló el infierno interno del menor de 9 años, concluyendo una grave afectación psicológica, cognitiva y conductual. Al sustentarse en el hallazgo, el pánico constante del menor, la preocupación constante por la integridad física y emocional de su madre, un síntoma de estrés crónico y terror intrafamiliar.
Muestra sentimientos de tristeza, llanto, temor e inseguridad, llegando a desarrollar conductas de huida o escapismo y pérdida de apetito como respuesta al ambiente tóxico.
Existe un profundo rechazo hacia la figura paterna y un deseo expreso de desintegración familiar, evidenciando que la única salida que el niño vislumbra es el cese de los conflictos generados por el consumo de alcohol y la violencia del padre.
El dictamen profesional no solo confirmó la agresión, sino que documentó el trauma profundo que ahora es la base irrefutable de la condena.
El perito psicólogo forense señaló que el niño, al narrar los hechos en la cámara Gesell, mostraba una postura encorvada, meciéndose, y con presencia de ojos cristalizados y llanto , confirmando la coherencia de su relato.
El Ministerio Público solicitó una pena privativa de libertad efectiva de dos años para el acusado, además de la inhabilitación para ejercer sus derechos. La corte resolvió condenar al profesor y abogado por este grave crimen cometido en un contexto de violencia familiar.