RADIOGRAFÍA | Conoce todo lo que hizo Villafán para ocultar el crimen de Marleni
Desde fingir ser un «amigo asesor» y mentirle a una madre desesperada, hasta desmantelar parcialmente su propia camioneta y enviar llaves en una combi. Así fue el desesperado y calculador plan del policía José Villafán para encubrir la desaparición de Marleni Rucana.
La investigación fiscal contra el efectivo policial y abogado José Enrique Villafán Arteaga reveló un nivel de frialdad y cálculo alarmante. El investigado no solo habría sido la última persona en ver con vida a la suboficial Marleni Rucana Silvestre, sino que utilizó todos sus conocimientos profesionales para orquestar un meticuloso plan de encubrimiento, alteración de pruebas y obstrucción a la justicia. A continuación, detallamos paso a paso todas las maniobras que realizó el imputado para intentar evadir su responsabilidad.
El primer paso de su encubrimiento fue la negación absoluta y la manipulación psicológica. Inicialmente, Villafán le aseguró a la familia que su relación con Marleni era estrictamente institucional, afirmando que solo le brindaba «asesoría legal» y que eran amigos que salían a comer esporádicamente.
Cuando la madre de Marleni lo llamó angustiada el día 22 de febrero preguntando por su hija, él negó rotundamente haberse encontrado o comunicado con ella ese fin de semana. En un acto de total cinismo, incluso acompañó a la madre a la dependencia policial (DIVINCRI) para supuestamente poner la denuncia por desaparición, diciéndole al despedirse «Señora, ya mañana la buscamos». Posteriormente, en su primera declaración oficial como testigo, intentó establecer una coartada falsa, asegurando que dejó a la joven a las 17:00 horas en el centro de Huaraz, una mentira que fue destruida por los videos de seguridad que los ubicaron juntos hasta casi las 22:00 horas.
Sabiendo que su camioneta Ford roja (placa BJN-906) era la escena principal, Villafán decidió sacarla de la jurisdicción de Huaraz. Para no ser detectado conduciendo, llamó a su hermano, Mateo Villafán Arteaga, quien vivía en Lima, y le pidió que viajara urgentemente para llevarse el carro.
¿Cómo le entregó el vehículo? El investigado dejó la camioneta escondida en la casa de su hermana en Carhuaz y, en una táctica para no dejar rastro físico, le envió las llaves a su hermano como si fuera una simple encomienda a través de una combi de transporte público de la ruta Carhuaz.
Mientras su hermano conducía hacia Lima, Villafán lo llamó insistentemente. Cuando Mateo iba por la zona de Barranca, recibió órdenes directas y desesperadas del imputado «No te olvides de cambiar el asiento de adelante».
Mateo cumplió la orden y al llegar a Lima, retiró el asiento original ensangrentado y compró uno de segunda mano por 200 soles para reemplazarlo. Sin embargo, la alteración estructural fue burda. Los peritos descubrieron que el asiento del piloto y del copiloto tenían diferentes colores y diseños. Además, al revisar debajo del asiento derecho, hallaron puntos de soldadura en los rieles corredizos de data muy reciente.
El plan de desmantelamiento también incluyó el cinturón de seguridad del copiloto. Los investigadores notaron que este elemento presentaba un desgaste, diseño y color totalmente distinto al resto de los cinturones de la camioneta. El hermano finalmente confesó y entregó a la policía tanto el asiento original como el cinturón primigenio, los cuales presentaban manchas de sangre.
Villafán sabía que la sangre lo delataría. El informe pericial criminalístico reveló que la camioneta presentaba signos evidentes de un «limpiamiento reciente». Para lograrlo, el investigado utilizó insumos químicos domésticos e industriales. Esto quedó al descubierto cuando su hermano entregó a las autoridades tres botellas de plástico que contenían limpiadores líquidos como Pinesol, Poett y vinagre.
Para disimular esta limpieza extrema, el victimario esparció intencionalmente una «adherencia terrosa» (tierra) en los pisos alfombrados de la parte anterior y posterior de la cabina, intentando camuflar el lavado. Pese a todos estos esfuerzos químicos, la sangre humana logró filtrarse y fue descubierta por los peritos biológicos en el interior del posavasos de la consola central.
José Villafán pudo alterar su camioneta, lavar la sangre y enviar el asiento lejos, pero hubo una evidencia que le fue imposible ocultar y este es su propio cuerpo. Al ser detenido y sometido al examen médico legal, los peritos documentaron que presentaba escoriaciones epidérmicas lineales y lesiones por fricción tangencial (rasguños) en el tórax y las extremidades. Aunque él negó haber sufrido agresiones, la ciencia forense concluyó que estas heridas traumáticas recientes fueron causadas por un «agente contuso de superficie áspera». Estas marcas en su piel fueron catalogadas por el juez como biológicamente incompatibles con un actuar pacífico, probando que Marleni Rucana opuso una férrea resistencia física antes de desaparecer.
Todas estas acciones deliberadas, desde la manipulación mecánica hasta la inducción de terceros para destruir evidencias, fueron determinantes para que el juez concluyera que existía un «peligro de obstaculización» inminente y grave, ordenando así su encierro preventivo por 9 meses en el penal Víctor Pérez Liendo.