En el Perú cada vez se lee menos, y esa realidad no es un dato menor. La escasa cultura de lectura impacta directamente en la capacidad de análisis y reflexión de los ciudadanos frente a los problemas que enfrenta el país. Sin información ni pensamiento crítico, resulta más sencillo aceptar decisiones impuestas por la clase política, incluso cuando estas están marcadas por la corrupción, la inestabilidad presidencial y el caos institucional.
La constante crisis política, los cambios de mandatarios y el avance de la delincuencia han generado en muchos peruanos un sentimiento de hartazgo y desinterés. Esta apatía provoca que gran parte de la población prefiera mantenerse al margen de la política, dejando el camino libre para que algunos actores actúen priorizando intereses personales antes que el bienestar común.
Frente a este panorama, la educación surge como la herramienta fundamental para revertir la situación. Desde las escuelas se debe fomentar no solo el hábito de la lectura, sino también la formación cívica y el pensamiento crítico, promoviendo futuros ciudadanos comprometidos con la ética y el servicio público.
Sin una ciudadanía informada y participativa, el país corre el riesgo de normalizar la corrupción como parte del sistema. Por ello, la responsabilidad no recae únicamente en las autoridades, sino en cada peruano, desde el hogar, asumiendo el deber de involucrarse, informarse y no dar la espalda a la política.