ESCÁNDALO: Morillo visita Congreso y ministerios como “Gobernador” de Ancash en el 2025
Fuentes en Lima reportan que el exgobernador, cuyo mandato (2019-2020) terminó abruptamente y lo llevó a prisión, estaría gestionando en ministerios y el Congreso como si aún estuviera en el cargo. El actual gobernador, Koki Noriega, enfrenta un presunto caso de usurpación de funciones.
La política ancashina, acostumbrada a los sobresaltos, vuelve a ser escenario de un episodio que desdibuja los límites de la realidad. El exgobernador regional Juan Carlos Morillo, recordado más por sus problemas legales y su paso por la prisión que por su breve gestión, estaría de vuelta en las altas esferas del poder, pero no como un ciudadano cualquiera.
Según los reportes oficiales del Estado, testigos y fuentes dignas de crédito en Lima, Morillo se estaría presentando «oficialmente» en despachos del Congreso de la República y diversos ministerios (según testigos), en pleno 2025, no como un ciudadano o dirigente de Somos Perú, sino como el actual gobernador regional de Áncash.
Este repentino resurgir y esta asombrosa confianza coinciden, llamativamente, con la asunción a la Presidencia del Congreso y Presidencia de la República de su exempleado y secretario, José Jerí Oré, también dirigente de Somos Perú. Dicha cercanía política parecería haber envalentonado a Morillo, quien, lejos de mantener el perfil bajo que le legó su pasado judicial, ahora buscaría retomar un poder que perdió legítimamente.
La situación es extremadamente delicada y transciende la anécdota. El gobernador regional de Áncash, elegido en las urnas y en pleno ejercicio de sus funciones, es Koki Noriega. La presunta actuación de Morillo no es solo un acto de confusión o arrogancia; podría constituir el delito de usurpación de funciones, tipificado en el Código Penal.
Resulta humanamente comprensible que alguien que probó las mieles del poder y las perdió de forma tan drástica sienta nostalgia. Sin embargo, una cosa es el anhelo personal y otra muy distinta es atribuirse un cargo público que no le compete, engañando a altos funcionarios del Estado y generando una grave inestabilidad en la representación de la región.
Mientras Koki Noriega desempeña su cargo en Ancash, en Lima habría un «gobernador» fantasma intentando mover hilos, en lo que parece una burla a la institucionalidad y un claro desafío a la justicia. La Fiscalía de la Nación y el propio Congreso deberían tomar nota de estas denuncias, que manchan nuevamente el nombre de Áncash y podrían significar un rápido regreso de Morillo a los fueros legales que tan bien conoce.