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Caso Liceo Naval: cuando la violencia adolescente revela algo más que una falta disciplinaria

Dra. Lizeth Terry Torres

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Dra. Lizeth Terry Torres

El caso del Liceo Naval Almirante Guise ha generado una comprensible conmoción

social. El Ministerio Público investiga una presunta agresión sexual contra un estudiante

de 16 años ocurrida el 15 de septiembre de 2026 durante un traslado escolar.

Posteriormente, el Poder Judicial dispuso cuatro meses de internamiento preventivo para

seis adolescentes investigados.

En ese sentido corresponde intentar responder a la siguiente interrogante, ¿qué ocurre

en el desarrollo de un adolescente para que el sufrimiento de otro pueda convertirse

en objeto de burla, sometimiento o entretenimiento grupal?

Desde la psicología, se debe establecer un análisis desde diferentes niveles:

1.- Personalidad disocial

No es pertinente atribuir a los adolescentes, esta categoría diagnostica (aún), El CIE – 11

señala que el comportamiento disocial implica un patrón repetitivo, persistente donde se

vulneran los derechos de los demás o las normas sociales. Un acto aislado, incluso uno

extremadamente grave, no permite establecer por sí mismo este diagnóstico.

En una evaluación psicológica forense de adolescentes sí correspondería explorar

antecedentes de agresividad, intimidación, crueldad, transgresión reiterada de normas,

engaño, irresponsabilidad, impulsividad y otras conductas antisociales.

Particularmente importante sería examinar la presencia de lo que la CIE-11 denomina

“emociones prosociales limitadas”: escasa empatía frente al sufrimiento ajeno, ausencia

persistente de culpa o remordimiento, indiferencia ante las consecuencias del

comportamiento y manifestaciones afectivas superficiales o instrumentales.

Pero existe una enorme diferencia entre observar indicadores compatibles con rasgos

disociales y afirmar que una persona posee un trastorno.

2.- Cuando el otro deja de ser percibido como persona

Uno de los aspectos psicológicamente más inquietantes de determinadas formas de

violencia grupal es la pérdida de reconocimiento del otro como sujeto.

La empatía no significa simplemente “validar emociones de los demás”. Implica

comprender que la otra persona posee límites, dignidad y derechos independientes de

nuestros deseos.

Cuando esta capacidad se encuentra debilitada pueden aparecer procesos de cosificación:

la víctima deja de ser percibida como una persona y comienza a ser tratada como objeto

de diversión o humillación.

En contextos grupales aparece además otro fenómeno relevante: la difusión de

responsabilidad. Es la búsqueda que tiene el adolescente de reducir su ansiedad,

intentando minimizar la culpa, intentando justificar el actuar de sí mismo o los demás

bajo la creencia de que otros actuaron “de peor manera”.

El adolescente puede hacer dentro del grupo aquello que probablemente no realizaría

individualmente porque percibe que la responsabilidad se distribuye entre todos.

3.- Familia: los valores no se enseñan únicamente hablando de ellos

¿y la familia? Invita a la reflexión de nuestro rol de padres, de la transmisión de valores

(más aún en hijos de personal castrense, donde finalmente los valores son parte de la

crianza, se transmiten en un entorno de convivencia y de limites para el contexto social.

Un adolescente puede conocer perfectamente que “debe respetar a los demás” y, sin

embargo, no haber interiorizado realmente ese principio.

La familia cumple un papel fundamental cuando establece límites claros, supervisa,

enseña responsabilidad sobre las propias acciones y, especialmente, ayuda al niño y

posteriormente al adolescente a comprender las consecuencias emocionales que sus actos

producen en los demás.

Cuando los adultos justifican constantemente las conductas de sus hijos, minimizan sus

transgresiones, pueden interferir involuntariamente en el aprendizaje de responsabilidad.

Proteger a un hijo no significa justificarlo siempre.

La verdadera educación siempre será aquella que permita la comprensión de que las

decisiones desprenden consecuencias.

4.- Vínculos afectivos superficiales en una sociedad hiperconectada

Las redes sociales permiten mantener múltiples interacciones, pero cantidad de contactos

no equivale a intimidad emocional. Las personas pueden sentirse solas aun en compañía.

Un vínculo afectivo profundo requiere reconocer vulnerabilidad, experimentar

reciprocidad, aprender a tolerar frustraciones y desarrollar preocupación genuina por el

bienestar del otro.

Cuando las relaciones se construyen principalmente alrededor de la aceptación del grupo,

la exposición pública, las burlas o la búsqueda permanente de aprobación, puede

producirse una forma de interacción donde importa más pertenecer que cuestionar lo que

el grupo está haciendo. En la adolescencia la aceptación de los pares influye en la

conducta.

5.- ¿El colegio?

Una institución educativa no solamente transmite conocimientos. También disciplina y

forma ciudadanos en un entorno de convivencia, capaces de reconocer y solidarizarse

cuando un estudiante solicita ayuda.

La violencia grave pocas veces debería analizarse únicamente desde el episodio final.

También debemos preguntarnos si existieron previamente señales de intimidación,

humillación, discriminación, violencia entre pares o normalización de determinadas

prácticas.

Esa diferenciación es fundamental porque no todos los participantes necesariamente

poseen la misma dinámica psicológica, el mismo grado de responsabilidad

conductual, ni el mismo riesgo de reincidencia.

No necesitamos adolescentes que simplemente obedezcan; necesitamos adolescentes

capaces de reconocer al otro

Quizá el aprendizaje más importante que debería dejarnos este caso no sea únicamente

endurecer reglamentos.

Los reglamentos son necesarios. La supervisión también. Pero ninguna norma puede

reemplazar completamente una estructura moral internalizada.

El verdadero desafío consiste en formar adolescentes capaces de detenerse incluso cuando

ningún adulto está mirando; capaces de decir “esto está mal” aunque sus amigos se estén

riendo; capaces de reconocer que el cuerpo, la dignidad y los límites de otra persona no

pueden convertirse en instrumentos de diversión colectiva.

Y es precisamente allí donde familia, escuela y sociedad tienen una responsabilidad

preventiva fundamental: educar no solamente para evitar el castigo, sino para

desarrollar empatía, responsabilidad, límites y respeto genuino por la dignidad

humana.

Defensoría del Pueblo. (2026, 17 de septiembre). Defensoría del Pueblo solicita atención

integral para adolescente víctima de violencia en la Institución Educativa Liceo

Naval. https://www.defensoria.gob.pe/defensoria-del-pueblo-solicita-atencionintegral-para-adolescente-victima-de-violencia-en-la-institucion-educativa-liceonaval/

Diario Oficial El Peruano. (2026, 19 de septiembre). Caso Liceo Naval: seis escolares

investigados cumplirán 4 meses de internamiento preventivo en Maranguita.

https://elperuano.pe/noticia/305066-caso-liceo-naval-seis-escolaresinvestigados-cumpliran-4-meses-de-internamiento-preventivo-en-maranguita

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Developmental Psychology, 41(4), 625–635. https://doi.org/10.1037/0012-

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https://iris.who.int/bitstream/handle/10665/375767/9789240077263-eng.pd

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